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jueves, 29 de enero de 2015

Mind Games

Cada vez que bajo al metro, me encuentro con el Thatcheriano y poco neutral lema de Madrid como la suma de madrileños, y me doy cuenta de que nunca podré compartirlo. No se puede definir un equipo por la suma de individualidades (que se lo pregunten a España en el último mundial). Con la convicción de que unas patatas de Zatón no se pueden describir como la adición aislada de sus ingredientes, me rebelo y me dan ganas de plasmar en un graffiti corrector mi descontento. Madrid son los madrileños...+/- épsilon. Y ese residuo no explicado es la salsa secreta. Un poco de todos y a la vez de nadie. 
Me doy cuenta así mismo del error totalitario (y peligroso) que constituye la costumbre marxista de definir colectivos y dicotomías, que en última instancia están por encima del individuo. "el proletariado". "la casta", "el Madrid", "los catalanes y los españoles". Nunca podré creer en el mundo planificado desde arriba que me dibujan Podemos y el madridismo al uso, ni en el excluyente del nacionalismo identitario. Me hielan los huesos el individuo desnudo y la deconstrucción social de la autodenominada derecha "liberal" española, y ni siquiera planteo como opción al que ya ha demostrado de lo que (no) es capaz. A mi paisano Revilla (al que por otra parte quiero mucho y me cae muy bien) le diría, resumiendo mi opinión sobre su gestión, solo una cosa: "puerto de Laredo". Así que tengo una papeleta, una idea que va tomando forma, varias urnas en el horizonte...y mucho me temo que pocas certezas, querido John.

jueves, 20 de noviembre de 2014

La lluvia de noviembre (IV) Revolution, reverso... ¿tenebroso?

A pesar del monumental enfado de Lennon, Revolution nunca estuvo mejor representada que como cara B del single de Hey Jude. A la vista de los precedentes, el cambio radical debería quedarse en eso. Un plan secundario, al reverso de la senda principal del sinuoso surco del vinilo de la civilización humana. Robespierre, Lenin o Mao quizá tuvieran en común un magnífico diagnóstico de las penurias de sus respectivos pueblos. Pero más importante que eso, todos a su manera y con sus matices se convirtieron en aquello a lo que combatían: tiranos intransigentes. Salvando las grandes y sobre todo democráticas distancias, parece que Podemos toma perfectamente la temperatura a la casta. Aunque eso ya lo hicieron los Simpsons años antes. Vivimos rodeados de canteros, reunidos en sus pequeñas camarillas para amañar lo emponzoñable. Y hacerse ricos por el camino.
Quede claro que no niego a Pablo Iglesias la brillantez de la estrategia ni la oportunidad de la denuncia (aunque ya puestos, me gusta bastante más el estilo de Íñigo Errejón). Como Felipe González en Suresnes, ha lanzado el órdago en el momento preciso. O como yo quiera o sin mí. Y lo ha acompañado de una marcha atrás en la utopía. Ahora ya parece que la deuda se pagará, y que la renta no será para todos los españoles sino para los que lo necesiten. Pero luego, esa retórica marxista de conquistar el cielo chirría. Por el desastre que es el marxismo llevado a la práctica. Por lo beligerante de la expresión. Porque Marx siempre supeditó en el fondo los derechos del individuo frente a los colectivos. Y finalmente, porque el ruido sigue sin concretarse en ninguna propuesta fundamentada que llevarse a la boca.

jueves, 16 de octubre de 2014

Hey Jude, retruécano temporal

Cuando Jaime Pablo escribió Let it be, hacía ya tiempo que el submarino amarillo de los cuatro de Liverpool se adentraba sin vuelta atrás en el abismo de una separación sin retorno, que dejaría a la música popular huérfana para los restos. Quizá abrumado por lo oscuro de los tiempos en aquel umbral del año 70, el mensaje invita a la inacción esperanzada, casi de fervor trascendental. Déjalo estar, es lo sabio, la recomendación de la madre Mary. Nunca gustó demasiado a Lennon la píldora, a pesar de la magistral envoltura y el tono azucarado del acompañamiento. Y debo reconocer que a mi tampoco me deja tranquilo, aunque sea sabio consejo en situación límite. 

Es sin embargo fascinante que el propio Paul se diera a sí mismo réplica retroactiva, en lo que podríamos considerar un retruécano temporal o, viendo las cualidades del sujeto, un viaje temporal en toda regla. Y es que resulta que unos años antes, en 1968, escribía la clave de su inquietud futura. ¿Dejarlo estar? Sí, Después de cogerlo, llevarlo muy dentro y mejorar la canción. Hace ya diez años, el 25 de mayo de 2004 yo estaba allí, en cuarta fila del Molinón. El día que comprendí la respuesta, susurrada al cielo asturiano entre el aplauso de la multitud.

"Hey Jude, don't make it bad
Take a sad song and make it better
Remember to let her into your heart
Then you can start to make it better..."



domingo, 20 de octubre de 2013

Abbey Road, o cómo el todo puede ser mucho más que la suma de las partes.

Cuando los problemas llegan, quizá sea buena manera enfrentarlos directamente. Esconder la cabeza bajo el ala, al modo del avestruz, quizá solo sirva para empeorar irremediablemente la situación. Es lo que nos recuerda exquisito Juan Urrutia, en esta curiosa reflexión sobre la lección de Avelino. Pienso en ello mientras escucho el que para mí es, probablemente, el mejor disco de la historia de la música. Y es que resulta que El País, en un atinado esfuerzo de reflotar el socialismo felipista patrio, regala un disco beatle cada fin de semana. Y hoy ha tocado Abbey Road. Fascinante en su conjunto, constituye una verdadera terapia musical en medio de la ruidosa tormenta que acabó para siempre con la unión de los Cuatro Grandes. Probablemente, Octopus Garden y Something/Here comes the sun sean las mejores contribuciones en solitario de Ringo y Harrison. La cara B es una obra maestra Made in Paul ( que, curiosamente, parece ser el beatle más estimado entre los ingenieros de sonido que trabajaron con el grupo). Lennon contribuye con joyas como la maravillosa Come together, y la descarnada I Want You, perfecto presagio de la todavía por concebir Plastic Ono Band. En éste su canto de cisne (acompañado a la perfección con una magistral batería de Ringo), unos Beatles acosados y enfadados con el mundo ponen la otra mejilla, consiguiendo un resultado de proporciones bíblicas. Porque aunque nos intenten convencer con el Thatcheriano lema de Madrid como la suma de todos, siempre hubo algo más allá de la suma de las partes. Y la mejor prueba es este testamento musical eterno, que con la fuerza machacona del martillo plateado de Maxwell, seguirá recordándonos la magia irrepetible de cuatro chicos de provincias que cambiaron el mundo.



sábado, 28 de septiembre de 2013

El Lennon desnudo

Me gustan especialmente las canciones en que Lennon muestra sus sentimientos más íntimos. Y no creo que precisamente sea en la famosa Imagine. Maravillosa canción, himno de una generación. Pero probablemente menos personal de lo que pueda parecer a primera escucha. Un regalo de John al mundo, sin duda. Pero impersonal y precocinada con intención, poco espontánea. Las propias declaraciones del cáustico Lennon parecen confirmar este punto:

" [Imagine is] Anti-religious, anti-nationalistic, anti-conventional, anti-capitalistic, but because it is sugarcoated it is accepted ... Now I understand what you have to do. Put your political message across with a little honey"*
El John desnudo aparece en sencillos temas, nada pretenciosos pero escritos directamente desde el corazón, sin cortapisas. Buenos ejemplos serían Help o Mother. Y creo que este Beautiful Boy, del Double Fantasy (1980), es especialmente bueno. Una carta de amor a un hijo muy deseado. Insuperable, John. Siempre seguirás con nosotros.




*Entrevista a Lennon, citada en Levy, Joe  (2005). Rolling Stone's 500 Greatest Albums of All Time  . Traducción: "es antireligiosa, anti-nacionalista, anti-convencional y anticapitalista. Pero como está revestida de azúcar es aceptada...Ahora entiendo lo que tienes que hacer. Lanza tu mensaje político con un poco de miel.."